Cuando el videojuego se hizo arte. Los mejores juegos de los 90.

Con todo el respeto hacia los jugones de todas las generaciones y hacia los gustos de los usuarios del mundo de los videojuegos, queremos hacer un pequeño homenaje a este mundo del entretenimiento que comenzó como un juguete mas y se ha convertido en algo tan cotidiano que ya a nadie le da a vergüenza admitir que le gustan los videojuegos.

Hubo y habrá épocas, hubo y habrá revoluciones dentro del mundo de los videojuegos, pero en nuestra humilde opinión, una de las épocas mas significativas y evolutivas dentro del sector de los videojuegos fue la década de los noventa.

Pasamos de lo analógico a lo digital, del vinilo al CD, del cartucho de 16 megas al CD ROM… Dentro del increíble mundo de los videojuegos, los noventa significaron un salto generacional muy importante en ese espacio de tiempo de diez años; los sprites pasaron a ser polígonos, los polígonos evolucionaron hasta convertirse en la base de la mayoría de los videojuegos. Las videoconsolas eran una constante en el mercado y cada compañía quería un trozo del gran pastel que se estaba gestando lentamente en el mercado, a saber; SuperNintendo, Megadrive, PlayStation, Game Gear, Game Boy, 3DO, Atari Jaguar… Todas ellas aportaron lo mejor que pudieron sus posibilidades, algunas mejor que otras pero todas en una misma dirección; la evolución y la imaginación. Todo era posible, cualquier juego, cualquier idea se plasmaba en nuestras teles de tubo de 15” que teníamos en la habitación, si éramos lo suficientemente afortunados como para poder permitirnos ese lujo de poseer la Videoconsola junto a ella.

De entre todos aquellos juegos que nos hicieron soñar de una manera diferente y que significaron muchas malas notas y castigos por parte de nuestros padres, nos vemos obligados a rescatar un juego que, aun siendo creado en la recta final de la vida de la gran SuperNintendo, supo rivalizar con los nuevos gráficos poligonales de las todopoderosas videoconsolas de 32 bits; el gran Donkey Kong Country 3 Dixie Kong Double Trouble.

  

Quizás podamos pecar en que este genial tercer (y último) juego de la simpática familia Kong, no es una idea nueva y original ya que le preceden dos partes. Sin embargo, este juego puede considerarse una obra maestra del género de las plataformas por meritos propios.

  

En 1996 la SuperNintendo daba sus últimos coletazos. En vista de los acontecimientos y con la potente PlayStation de Sony dando guerra, los responsables de Nintendo se centraron en la flamante y “Tecnológicamente Superior” Nintendo 64. Esta nueva consola condenaba al exilio al ya veterano “Cerebro de la Bestia”. Aun así, Rare, la responsable de los dos juegos anteriores, se tomo muy en serio el darle una digna despedida a un género que triunfo en los 16 bits como el de las plataformas.

En el primer Donkey Kong Country, Rare utilizo la novedosa técnica ACM (Advanced Computer Modelling), capaz de mostrar gráficos 3D pre-renderizados con objetos totalmente en 3D.

Rare tomo un riesgo financiero significativamente alto al comprar el costoso equipo SGI utilizado para generar gráficos renderizados. Si el juego no hubiese sido comercialmente exitoso, es probable que la compañía hubiera quedado en bancarrota, pero como se suele decir; el que no arriesga nada tiene, así que Rare fue pionera en el uso de esta técnica que, posteriormente, aplicarían diversos estudios a sus juegos.

  

En esta tercera entrega, los gráficos se mejoraron considerablemente, los entornos dejaron de estar basados en zonas tropicales, para convertirse en coloridos lugares nevados, boscosos o acuáticos. Alguien llego a decir que muchas veces el jugar a este juego, uno se sentía como si jugase a un juego de las videoconsolas “mayores” dado el grado de detalle de sus escenarios.

La aventura se desarrolla en el denominado “Kremisferio Norte”. Concretamente en una serie de lugares que se explorarían con la ayuda de diversos vehículos que se iban consiguiendo a medida que avanzaba el juego.

En esta nueva entrega, los protagonistas ya no eran Donkey Kong ni Didie Kong, ambos secuestrados por el malo malísimo Baron K. Roolenstein. El turno es para Dixie Kong; la simpática monita, y su primo, personaje principal, Kiddy Kong, un enorme bebe primate. Ambos personajes hacen un dúo de lo mas carismático, sus características son totalmente opuestas; mientras que Dixie Kong es mas ágil y puede volar usando su coleta a modo de hélice, Kiddy es todo fuerza bruta, ambos se complementan para poder hacer frente a la nueva y diversa fauna que pulula por cada escenario para impedirnos el paso.

  

Pero no solo de avanzar eliminando enemigos vive el mono, y es que los chicos de Rare crearon un juego donde hay varias misiones opcionales que debemos llevar a cabo si queremos lograr destapar todos y cada uno de los secretos del juego. Los minijuegos fueron una acertada constante, cada personaje secundario nos proponía un reto diferente; unos querían que rescatásemos los inaccesibles “Pájaros Banana” que se encontraban en cuevas ocultas y solo eran liberados si conseguíamos hacer bien el juego de “Simón dice”. Otros nos pedían piezas a cambio de vehículos con los que recorrer el Kremisferio Norte. Algunos deseaban monedas Oso, dándonos así objetos importantes a cambio con los que participábamos en trueques mas tarde. Un viejo amigo, Swanky Kong, nos desafiaba a lanzar bolas de nieve contra objetivos y si le ganábamos conseguíamos un interesante botín.

  

Donkey Kong Country 3 usaba también la novedad de poder guardar la partida en ciertas cuevas, donde Wrinkly Kong se ejercitaba y jugaba a la Nintendo 64 mientras los Pájaros Banana revoloteaban a su alrededor.

Los animales que ayudaron a los personajes de las anteriores entregas vuelven con novedades a esta ultima; Enguarde; el pez espada, que nos ayudaba en las fases de submarinismo. Squitter la araña; que volvía a hacer acto de presencia para prestarnos sus telarañas y llegar así a lugares inaccesibles. Skuawks y su hermano Quawks; los simpáticos loros con los que volamos por los huecos de los inmensos árboles mientras los fondos se desplazaban para nuestro deleite visual. Ellie; una elefanta que aparecía por primera vez y cuyo pavor por las ratas hacia que tuviésemos que sortear diversos obstáculos en su frenética huida hasta el final de fase. Y por ultimo Parry; un pajarillo con el que conseguir aquellas valiosas monedas que eran imposibles de alcanzar.

Todos ellos formaban parte de un nutrido y variado grupo de tareas divertidas a las que nos teníamos que enfrentar haciendo que el aburrimiento brillase por su ausencia.

  

Los Jefes finales hacían que los enfrentamientos fueran una delicia; cada uno tenía un punto débil y muchas veces el ataque directo no funcionaba, había que buscar la manera de encontrar el momento y el lugar para poder atacar con éxito. Su volumen copaba casi toda la pantalla mientras mirábamos, maravillados, como nuestro simpático mono, o uno de sus incondicionales amigos animales, trataban de no ser alcanzado por sus ataques.

  

Los diversos escenarios de la aventura nos llevaban a bosques, fábricas, cumbres nevadas, mundos acuáticos llenos de vida, montañas rocosas y hasta un mundo oculto rodeado de cuatro piedras que salía a la superficie con cierto truco. Las distintas fases de este mundo oculto eran inaccesibles a menos que uno encontrase suficientes monedas con las que sobornar a un loco “Hermano Oso” que se dedicaba a las voladuras peligrosas.

  

La banda sonora de Donkey Kong Country 3 fue compuesta por Eveline Fischer y David Wise, aunque es Fischer quien produce la mayor parte de la música en el juego.

Las pegadizas y soberbias piezas musicales, así como los efectos durante el juego hacían ver que los chicos de Rare eran unos genios en lo que al sonido se refiere.

Como detalle, podemos destacar que cuando Wrinkly Kong se encuentra jugando a la Nintendo 64, la música del castillo de Súper Mario 64 puede ser oída. Esto es porque el juego salió el año 96, por lo que se le hizo un tipo de publicidad a la nueva Nintendo 64.

  

En vísperas de la navidad del 96 y con la PlayStation y demás superconsolas en lo alto del pedestal, la incombustible SuperNes fue capaz de exprimir al 110% su capacidad para ofrecernos el que, posiblemente, sea el mejor plataformas de los 16 bits y uno de los mejores juegos de aquella dorada generación noventera.

Si un día veis este cartucho en alguna esquina de algún mercadillo, no lo dudéis, vuestra vieja SuperNes estará encantada de mostraos todo su potencial para haceos felices una vez mas.

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One Response to Cuando el videojuego se hizo arte. Los mejores juegos de los 90.

  1. Sayuri says:

    Los plataformas en toda regla, hace tiempo que pasaron a la historia, y dudo mucho que se recuperen. Lástima!

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